Investigadores malagueños trabajan sobre los beneficios de la intervención psicológica para mejorar síntomas depresivos en COVID-19
- 29 junio, 2020
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Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) que desarrollan su actividad en la Unidad de Salud Mental del Hospital Regional Universitario de Málaga y en el Distrito Sanitario Málaga-Guadalhorce, han publicado los resultados de su trabajo en la revista científica ‘Scientific Reports’. Este estudio, centrado en el papel que desempeña la intervención psicológica y su traducción en cambios fisiológicos, biológicos y cognitivo-conductuales en pacientes que tienen un cuadro depresivo leve o moderado, está liderado por el investigador de la Universidad Dalhousie, de IBIMA y del Hospital Regional de Málaga, Pablo Romero Sanchiz, y por el doctor Fernando Rodríguez de Fonseca, a través de la financiación que el Instituto de Salud Carlos III y el Plan Nacional Sobre Drogas han proporcionado para estudiar biomarcadores de enfermedades mentales y/o adicciones.
En el ensayo han participado 66 pacientes con una depresión leve o moderada, atendidos desde la propia Atención Primaria del Distrito Sanitario Málaga-Guadalhorce, y 60 controles. La medición de los biomarcadores antes y después de la intervención psicológica online, de una duración de 12 semanas, ha generado una disminución de hasta 9 puntos en la ‘Escala BDI’, un cuestionario de reputada validez científica autoadministrado que consta de 21 preguntas de respuesta múltiple, siendo una de las herramientas más utilizadas por los profesionales para la medición de la severidad de una depresión.
Pablo Romero señala que “se han observado, además de respuestas cognitivas o conductuales, respuestas más fisiológicas como pérdida o aumento de peso, alteraciones del sueño y componentes más biológicos como la disminución de la libido, entre otros”. El especialista ha recordado que la depresión es “una enfermedad que conlleva una enorme cantidad de síntomas que no tienen por qué coincidir todos a la vez, sino que pueden alternarse en el tiempo la aparición, disminución o aumento de la intensidad de los mismos”.
En este estudio los investigadores señalan que se produce una disminución significativa de las quimiocinas, pequeñas proteínas secretadas por las células para movilizar y activar los glóbulos blancos que combaten la infección, siendo clave en la intervención de muchas respuestas inmunitarias e inflamatorias del organismo. En este sentido, Romero ha señalado que “nuestro estudio apunta a que las quimiocinas tienen un papel en la depresión y los efectos de neuroinflamación de la depresión que influyen de manera directa en el cuadro clínico del paciente”.
El propio investigador ha recordado que es importante señalar que en el estudio muy pocos pacientes estaban tomando algún fármaco antidepresivo, mientras que aquellos que estaban con algún tratamiento farmacológico para la depresión estaban estables dos semanas antes del comienzo de la intervención psicológica con la imposibilidad de alterarlo durante la duración del ensayo, lo que subraya la importancia de la intervención psicológica en la variación de los biomarcadores.
Aplicabilidad del estudio al COVID-19
Este estudio también tiene aplicabilidad a la actual circunstancia de pacientes que han sufrido COVID-19. Según el propio Rodríguez de Fonseca “el coronavirus tiene la capacidad, como otros virus, de activar profundamente en el paciente el sistema inmunológico provocando una tormenta de citoquinas, provocando un aumento de señales proinflamatorias que al llegar al cerebro pueden generar numerosas alteraciones”.
El propio investigador responsable de IBIMA ha apuntado que algunas de esas alteraciones pueden ser “abrir la barrera hematoencefálica, provocar cambios en neurotransmisores, generar inflamación y modificar la transmisión”. Todos estos cambios biológicos-fisiológicos tienen su traducción en cambios de comportamiento en el paciente que pueden desembocar en un estado afectivo negativo o, incluso, en una depresión. “No es de extrañar que enfermedades virales provoquen cambios en estos sistemas monoaminérgicos, que pueden provocar enfermedades como el parkinsonismo, la depresión o el agravio de trastornos como la psicosis”. En definitiva, en palabras del propio Rodríguez de Fonseca, “lo importante es que pueden llegar a alterar el cambio de ánimo”.
Para combatir esta circunstancia, el investigador del Hospital Regional de Málaga propone a la terapia cognitivo-conductual por parte de psicólogos, ayudada por la aplicación de las nuevas tecnologías de la comunicación para reducir la activación del sistema inmunológico con pacientes que están en casa, que no son graves, o que no han pasado un cuadro clínicamente grave por COVID-19, pero que pueden tener una situación depresiva.